A veces, cuando menos se espera, surgen reconfortantes ejemplos de compromiso social. Esto es lo que cabe resaltar de la flamante actuación de Shakira en la Cumbre Iberoamericana celebrada en la ciudad de Estoril, Portugal, donde asistió con el propósito de demandar apoyo para promover “El Desarrollo Infantil Temprano en América”; un propósito altruista que anima la Fundación Alas que obtuvo, por lo pronto, el aval de siete importantes países de nuestro continente. Este compromiso con el futuro de la región, como ella lo postula, también hace lobby ante el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, y busca que la ONU lo incluya como uno de los Objetivos del Milenio. La educación, dice Shakira, es la herramienta más poderosa para romper el círculo de la pobreza.
Coincide este ejemplo con el reciente reconocimiento hecho por El Tiempo, Semana, El Colombiano, Caracol, PNUD y Fescol, mediante la entrega del Premio de Paz a los 2.500 habitantes de la Unión Peneya del Caquetá; caserío que restauró sus valores después de un desplazamiento de tres años, forzado por el conflicto armado en esa zona del país, y que también apeló a la causa educativa como la forma de trabajo para refundar su pueblo; para imponerse a la adversidad del desplazamiento, sobreponerse a los miedos y rehacer su comunidad en el municipio de la Montañita. Cabe recordar que esta distinción le fue otorgada al Proyecto Pueblo Soberano de Mogotes en 1999, por su altiva actitud para sobreponerse a las insidias disolventes del conflicto social.
A Juanes, también se le entregó honoríficamente este premio por su comprobada vocación para promover la convivencia y la paz entre los pueblos con sus conciertos de Frontera, y sus campañas de apoyo a las víctimas de la guerra, sobre todo de las minas quiebrapatas, desde su Fundación Mi Sangre.
Tres ejemplos de compromiso con el futuro de la vida social y un indicativo preciso del camino por el cual se debe avanzar con mayores énfasis y apoyo solidario, pues lo que está a la vista es la necesidad que tiene el país de una reeducación profunda de la sociedad para que se reencuentre con principios valederos para su fortalecimiento y desarrollo.
Coincide este ejemplo con el reciente reconocimiento hecho por El Tiempo, Semana, El Colombiano, Caracol, PNUD y Fescol, mediante la entrega del Premio de Paz a los 2.500 habitantes de la Unión Peneya del Caquetá; caserío que restauró sus valores después de un desplazamiento de tres años, forzado por el conflicto armado en esa zona del país, y que también apeló a la causa educativa como la forma de trabajo para refundar su pueblo; para imponerse a la adversidad del desplazamiento, sobreponerse a los miedos y rehacer su comunidad en el municipio de la Montañita. Cabe recordar que esta distinción le fue otorgada al Proyecto Pueblo Soberano de Mogotes en 1999, por su altiva actitud para sobreponerse a las insidias disolventes del conflicto social.
A Juanes, también se le entregó honoríficamente este premio por su comprobada vocación para promover la convivencia y la paz entre los pueblos con sus conciertos de Frontera, y sus campañas de apoyo a las víctimas de la guerra, sobre todo de las minas quiebrapatas, desde su Fundación Mi Sangre.
Tres ejemplos de compromiso con el futuro de la vida social y un indicativo preciso del camino por el cual se debe avanzar con mayores énfasis y apoyo solidario, pues lo que está a la vista es la necesidad que tiene el país de una reeducación profunda de la sociedad para que se reencuentre con principios valederos para su fortalecimiento y desarrollo.
Con el espejo retrovisor enfocado a gobiernos anteriores, y recordándole a tirios y troyanos los beneficios, dádivas y favores recibidos, en velada apelación al dicho popular “entre bomberos no nos pisemos las mangueras”, el Ministro de Agricultura salió avante en el debate de moción de censura promovido en su contra en el Senado de la República por el escándalo de AIS y, a decir verdad, su estrategia surtió el efecto esperado porque al margen de las componendas y retribuciones que seguramente se dieron, lo que se hizo evidente fue el lavado de manos y la cautelosa evasiva de responsabilidades, para finalmente aplicar la perniciosa lógica según la cual “si todos somos culpables, por tanto nadie es inocente, luego nadie es culpable”.
Es obvio que ha quedado en el ambiente nacional la idea de que, ante la magnitud de la cola de paja, lo que se impone es la permisividad con los vicios que corrompen la vida social, así como también ha quedado al descubierto la falta de un liderazgo efectivo en el comportamiento de las bancadas de todos los partidos, una preocupante incapacidad para aplicar sus reglamentos y en el caso de los llamados partidos de oposición, promotores del debate, una absoluta falta de coherencia en la cual sus dirigentes, y desafortunadamente sus candidatos presidenciales, pasaron inadvertidos.
Si bien es cierto que las últimas reformas políticas han pretendido que la democracia sea una competencia de partidos, lo que se ha visto en la práctica es la desaforada competencia por el tesoro público, las prebendas administrativas, contratos y compraventa de conciencias; prácticas éstas que han sembrado de descrédito al Congreso y desatado los niveles de corrupción del país a deshonrosos lugares, de acuerdo con los índices de percepción de la Oficina de Transparencia Internacional, y vamos irremediablemente, como anota impotente el Fiscal General de la Nación, hacia la “nigerización”.
Los males del país están a la vista y ojalá no los registremos como motivo para el pesimismo y la apatía, sino como la oportunidad para apoyar nuevos liderazgos que, con programas renovados, transparencia y valor cívico, asuman el relevo de una clase política que no ha dado la medida de una democracia incluyente y de una sociedad digna.
Es obvio que ha quedado en el ambiente nacional la idea de que, ante la magnitud de la cola de paja, lo que se impone es la permisividad con los vicios que corrompen la vida social, así como también ha quedado al descubierto la falta de un liderazgo efectivo en el comportamiento de las bancadas de todos los partidos, una preocupante incapacidad para aplicar sus reglamentos y en el caso de los llamados partidos de oposición, promotores del debate, una absoluta falta de coherencia en la cual sus dirigentes, y desafortunadamente sus candidatos presidenciales, pasaron inadvertidos.
Si bien es cierto que las últimas reformas políticas han pretendido que la democracia sea una competencia de partidos, lo que se ha visto en la práctica es la desaforada competencia por el tesoro público, las prebendas administrativas, contratos y compraventa de conciencias; prácticas éstas que han sembrado de descrédito al Congreso y desatado los niveles de corrupción del país a deshonrosos lugares, de acuerdo con los índices de percepción de la Oficina de Transparencia Internacional, y vamos irremediablemente, como anota impotente el Fiscal General de la Nación, hacia la “nigerización”.
Los males del país están a la vista y ojalá no los registremos como motivo para el pesimismo y la apatía, sino como la oportunidad para apoyar nuevos liderazgos que, con programas renovados, transparencia y valor cívico, asuman el relevo de una clase política que no ha dado la medida de una democracia incluyente y de una sociedad digna.
La problemática situación que vive el país, tanto en el orden interno como externo, en la cual un hecho sucede al otro con escandaloso o grave impacto sobre la vida social, ha terminado por enrarecer el espacio político con miras a las próximas elecciones. La turbulencia generada por el debate sobre AIS ha malogrado las pretensiones de Arias y afectado la imagen misma del Gobierno, según la última encuesta de Invamer.
Temas como la incertidumbre de la economía, los inquietantes índices de desempleo, los enfrentamientos institucionales, la persistencia de fuerzas guerrilleras, el resurgir de grupos paramilitares, la inconveniencia del referendo reeleccionista, el agravamiento de la seguridad ciudadana, la deficiencia en la construcción de vivienda social, el deterioro de las relaciones con Venezuela, entre otros, empiezan a merecer la debida atención nacional. Se destaca que un 51% de los colombianos manifiesta una opinión desfavorable a la forma como el Gobierno enfrenta la corrupción. Todos estos factores contribuyen desafortunadamente a incrementar un pesimismo creciente (46%) frente al futuro del país.
Si bien es cierto que aún no se perfila un candidato que de verdad pueda contrarrestar el peso del uribismo y, sobre todo, penetrar una audiencia mayoritaria que persiste en la actitud de no querer oír ni entender cosa distinta al ensueño generado por el eficiente manejo mediático de la imagen presidencial y como reconocimiento, principalmente, por haberle devuelto a los colombianos la posibilidad de transitar por las carreteras y su comprobada capacidad de trabajo, también es verdad que con los resultados de la encuesta esta particular situación, según la cual el Presidente había logrado situarse más allá del bien y del mal en intocable dimensión en la cual todo pasaba por su lado y nada lo comprometía, comienza a perturbarse y se traduce en una caída de su favorabilidad.
Esta complejidad del ajedrez político nacional, profundizará la agudización de la inquietud presidencial frente a sus reales posibilidades de lograr su prolongación en el poder por la vía del referendo, así como también frente a las expectativas de triunfo de un sucesor de su absoluta confianza, con lo cual la encrucijada de su alma tendrá ahora nuevos motivos de dudas y surgen nuevos indicativos para ponderar en sus cálculos reeleccionistas.
Temas como la incertidumbre de la economía, los inquietantes índices de desempleo, los enfrentamientos institucionales, la persistencia de fuerzas guerrilleras, el resurgir de grupos paramilitares, la inconveniencia del referendo reeleccionista, el agravamiento de la seguridad ciudadana, la deficiencia en la construcción de vivienda social, el deterioro de las relaciones con Venezuela, entre otros, empiezan a merecer la debida atención nacional. Se destaca que un 51% de los colombianos manifiesta una opinión desfavorable a la forma como el Gobierno enfrenta la corrupción. Todos estos factores contribuyen desafortunadamente a incrementar un pesimismo creciente (46%) frente al futuro del país.
Si bien es cierto que aún no se perfila un candidato que de verdad pueda contrarrestar el peso del uribismo y, sobre todo, penetrar una audiencia mayoritaria que persiste en la actitud de no querer oír ni entender cosa distinta al ensueño generado por el eficiente manejo mediático de la imagen presidencial y como reconocimiento, principalmente, por haberle devuelto a los colombianos la posibilidad de transitar por las carreteras y su comprobada capacidad de trabajo, también es verdad que con los resultados de la encuesta esta particular situación, según la cual el Presidente había logrado situarse más allá del bien y del mal en intocable dimensión en la cual todo pasaba por su lado y nada lo comprometía, comienza a perturbarse y se traduce en una caída de su favorabilidad.
Esta complejidad del ajedrez político nacional, profundizará la agudización de la inquietud presidencial frente a sus reales posibilidades de lograr su prolongación en el poder por la vía del referendo, así como también frente a las expectativas de triunfo de un sucesor de su absoluta confianza, con lo cual la encrucijada de su alma tendrá ahora nuevos motivos de dudas y surgen nuevos indicativos para ponderar en sus cálculos reeleccionistas.
En la reciente entrega de los Premios Simón Bolívar, además de diferentes reconocimientos a la valiosa tarea periodística no siempre carente de dificultades y de controversias, especialmente en los últimos tiempos, dado su compromiso de informar con objetividad, de crear opinión crítica y de servir como punto de referencia para que la vida pública de la sociedad esté ajustada a los valores de transparencia y a la necesaria vigilancia crítica que ejercen los medios sobre la vida social, se ha hecho también un reconocimiento justo y merecido que enaltece por igual a la familia Galvis, a Santander y a todos las regiones que se han visto beneficiadas con la valiosa presencia periodística de Vanguardia Liberal, empresa que se ha consolidado y proyectado a toda la Nación.
La tesonera disciplina empresarial, el espíritu visionario, la energía siempre dispuesta para no ceder a las dificultades, la preservación del horizonte de principios democráticos que han servido como el norte seguro para orientar el trabajo periodístico, el mérito de su valiosa tradición, así como la fe en el buen destino de la Nación, de la región y de su propio futuro, constituyen, sin lugar a dudas, los motivos para el otorgamiento del Premio Simón Bolívar en la categoría Empresarial a Alejandro Galvis Ramírez.
El conglomerado periodístico articulado alrededor de Vanguardia Liberal, se ha consolidado, ampliado y potenciado como uno de los más importantes del país, constituyéndose en valiosa referencia para los santandereanos quienes a veces somos escépticos en cuanto a la capacidad de asociación para sacar adelante iniciativas empresariales verdaderamente importantes.
Addenda: A propósito de justos reconocimientos, resultó muy lucido el acto de conmemoración de los primeros 15 años de la Fundación Participar, en el que le fueron otorgadas las órdenes Aquileo Parra Gómez por parte de la Gobernación de Santander y la Gran Cruz de Oro Ciudad de Bucaramanga, por la Alcaldía Municipal, como reconocimiento al permanente trabajo que ha venido desempeñando, fiel a los postulados de sus fundadores y en los últimos tiempos, gracias a la encomiable labor de Cecilia Reyes de León, con exitosos programas de lucha contra la corrupción, apoyo a iniciativas de carácter cívico y educación en principios de buena ciudadanía, esenciales para nuestra sociedad.
La tesonera disciplina empresarial, el espíritu visionario, la energía siempre dispuesta para no ceder a las dificultades, la preservación del horizonte de principios democráticos que han servido como el norte seguro para orientar el trabajo periodístico, el mérito de su valiosa tradición, así como la fe en el buen destino de la Nación, de la región y de su propio futuro, constituyen, sin lugar a dudas, los motivos para el otorgamiento del Premio Simón Bolívar en la categoría Empresarial a Alejandro Galvis Ramírez.
El conglomerado periodístico articulado alrededor de Vanguardia Liberal, se ha consolidado, ampliado y potenciado como uno de los más importantes del país, constituyéndose en valiosa referencia para los santandereanos quienes a veces somos escépticos en cuanto a la capacidad de asociación para sacar adelante iniciativas empresariales verdaderamente importantes.
Addenda: A propósito de justos reconocimientos, resultó muy lucido el acto de conmemoración de los primeros 15 años de la Fundación Participar, en el que le fueron otorgadas las órdenes Aquileo Parra Gómez por parte de la Gobernación de Santander y la Gran Cruz de Oro Ciudad de Bucaramanga, por la Alcaldía Municipal, como reconocimiento al permanente trabajo que ha venido desempeñando, fiel a los postulados de sus fundadores y en los últimos tiempos, gracias a la encomiable labor de Cecilia Reyes de León, con exitosos programas de lucha contra la corrupción, apoyo a iniciativas de carácter cívico y educación en principios de buena ciudadanía, esenciales para nuestra sociedad.
La consulta liberal del pasado 27 de septiembre llegó a 1.400.000 votos y conviene ahora recordar que en las elecciones parlamentarias de 2006 votaron 1.436.677 personas por listas liberales y en las últimas presidenciales el candidato liberal obtuvo 1.404.235 sufragios, es decir que la votación del partido se mantiene constante. Esta consulta se hizo coincidir con la elección de directorios departamentales y municipales ante lo cual, la presencia de votantes estuvo fundamentalmente motivada y alentada por los políticos que pugnaban por tener presencia en esos directorios, que van a configurar las listas de aspirantes al Congreso.
Entonces, no es aceptable la consideración de que fue excesivamente baja la participación y mal puede dársele la interpretación de que era una especie de plebiscito en torno a la favorabilidad del presidente.
Al doctor Pardo lo eligió candidato liberal la base electoral del partido y su futuro depende de su capacidad de convocatoria a los liberales independientes, a los que no se sienten interpretados por los políticos tradicionales, a los que militan en otros partidos y el voto de opinión.
En sus primeras declaraciones se ha mostrado abierto y receptivo a la posibilidad de entendimientos con otros partidos, se ha presentado ecuánime, sin vacuos triunfalismos y enteramente realista. Si bien esta posición es razonable, no conviene desgastarse prematuramente en los aspectos mecánicos de estas posibles alianzas por cuanto nadie tomará decisiones hasta que se produzca la definición del referendo por la Corte Constitucional, se valide por votación popular y se tenga así, completo el panorama político de las próximas elecciones presidenciales.
Mientras tanto, debería ahondar en el proceso de consolidación interna del partido; lograr que todos acojan, como es natural, el mandato expresado en la consulta; y sobre todo iniciar una adecuada y desapasionada pedagogía acerca de la inconveniencia de la nueva reelección de cara a nuestra salud democrática.
Si bien hay que darle continuidad a los buenos logros gubernamentales en seguridad, son muchas las cosas que es preciso corregir. No podemos seguir por el camino que parece abrirse paso según el cual, por elegir una autoridad como la que irradia Uribe, que le gusta tanto a tantos colombianos, terminemos eligiendo la anarquía de una corrupción invasiva.
Entonces, no es aceptable la consideración de que fue excesivamente baja la participación y mal puede dársele la interpretación de que era una especie de plebiscito en torno a la favorabilidad del presidente.
Al doctor Pardo lo eligió candidato liberal la base electoral del partido y su futuro depende de su capacidad de convocatoria a los liberales independientes, a los que no se sienten interpretados por los políticos tradicionales, a los que militan en otros partidos y el voto de opinión.
En sus primeras declaraciones se ha mostrado abierto y receptivo a la posibilidad de entendimientos con otros partidos, se ha presentado ecuánime, sin vacuos triunfalismos y enteramente realista. Si bien esta posición es razonable, no conviene desgastarse prematuramente en los aspectos mecánicos de estas posibles alianzas por cuanto nadie tomará decisiones hasta que se produzca la definición del referendo por la Corte Constitucional, se valide por votación popular y se tenga así, completo el panorama político de las próximas elecciones presidenciales.
Mientras tanto, debería ahondar en el proceso de consolidación interna del partido; lograr que todos acojan, como es natural, el mandato expresado en la consulta; y sobre todo iniciar una adecuada y desapasionada pedagogía acerca de la inconveniencia de la nueva reelección de cara a nuestra salud democrática.
Si bien hay que darle continuidad a los buenos logros gubernamentales en seguridad, son muchas las cosas que es preciso corregir. No podemos seguir por el camino que parece abrirse paso según el cual, por elegir una autoridad como la que irradia Uribe, que le gusta tanto a tantos colombianos, terminemos eligiendo la anarquía de una corrupción invasiva.
Dentro de las propuestas que surgieron en Colombia para propalar las ideas liberales en un momento de hegemonía partidista, nació Vanguardia Liberal. De este modo se integró Santander al esfuerzo que lideraron incipientes sectores progresistas de la sociedad colombiana, para abrir las mentes a un pensamiento libre y secular, afirmado en los presupuestos de la razón. Algunas importantes instituciones de Educación Superior asumieron la fundamentación de este ideario, que encontró en el periodismo el espacio propicio para su expresión.
Aunque ha tenido que sortear grandes dificultades, Vanguardia Liberal ha permanecido fiel a estos postulados doctrinarios, gracias a la orientación siempre vigente de su fundador Alejandro Galvis Galvis, y con Alejandro Galvis Ramírez, encontró la forma para consolidarse y proyectarse, hasta convertirse hoy en el más importante conglomerado periodístico del país, sustentado en la invaluable gestión de tantos forjadores de su grandeza en todas sus épocas, tales como el aporte cultural de Clarita Blanco de Galvis, el administrativo de Zoraida Uribe, el empresarial de Francisco Serrano, y muchos más, con los cuales ha llegado a ser el medio emblemático del Departamento y referencia de opinión en la Nación. Esta Casa asegura ahora su permanencia en el tiempo, bajo el fresco liderazgo de la nueva generación representada por Alejandro Galvis Blanco y Sebastián Hiller Galvis.
Como espacio de expresión universal y acogedor de la pluralidad, Vanguardia Liberal ha contribuido a la preservación del espíritu libertario de la comunidad santandereana. En sus páginas ha quedado la huella intelectual de tantos y tan ilustres coterráneos que en este periódico se han expresado sin limitaciones y han impulsado ideas de modernización y de pensamiento crítico. Ha sido permanente también, su vocación de apoyo a las iniciativas ciudadanas que se han traducido en hitos de bienestar y desarrollo para esta región.
El esfuerzo por mantener los canales de comunicación abiertos al libre pensamiento no tiene caducidad, tal como se pudo apreciar en las intervenciones oratorias del acto central de la conmemoración de su Nonagésimo Aniversario. Talante que reitera el valor que representa para este diario la preservación de la vida democrática colombiana. Éste es el sentido social de una Institución que constituye hoy un gran motivo de orgullo para los santandereanos.
Aunque ha tenido que sortear grandes dificultades, Vanguardia Liberal ha permanecido fiel a estos postulados doctrinarios, gracias a la orientación siempre vigente de su fundador Alejandro Galvis Galvis, y con Alejandro Galvis Ramírez, encontró la forma para consolidarse y proyectarse, hasta convertirse hoy en el más importante conglomerado periodístico del país, sustentado en la invaluable gestión de tantos forjadores de su grandeza en todas sus épocas, tales como el aporte cultural de Clarita Blanco de Galvis, el administrativo de Zoraida Uribe, el empresarial de Francisco Serrano, y muchos más, con los cuales ha llegado a ser el medio emblemático del Departamento y referencia de opinión en la Nación. Esta Casa asegura ahora su permanencia en el tiempo, bajo el fresco liderazgo de la nueva generación representada por Alejandro Galvis Blanco y Sebastián Hiller Galvis.
Como espacio de expresión universal y acogedor de la pluralidad, Vanguardia Liberal ha contribuido a la preservación del espíritu libertario de la comunidad santandereana. En sus páginas ha quedado la huella intelectual de tantos y tan ilustres coterráneos que en este periódico se han expresado sin limitaciones y han impulsado ideas de modernización y de pensamiento crítico. Ha sido permanente también, su vocación de apoyo a las iniciativas ciudadanas que se han traducido en hitos de bienestar y desarrollo para esta región.
El esfuerzo por mantener los canales de comunicación abiertos al libre pensamiento no tiene caducidad, tal como se pudo apreciar en las intervenciones oratorias del acto central de la conmemoración de su Nonagésimo Aniversario. Talante que reitera el valor que representa para este diario la preservación de la vida democrática colombiana. Éste es el sentido social de una Institución que constituye hoy un gran motivo de orgullo para los santandereanos.
Con el propósito de suplir el vacío de cifras confiables que tenía el país desde junio de 2006, en lo referente a mercado laboral, pobreza y desigualdad, por cuenta del cambio de la metodología introducida por el DANE en las encuestas de hogares, se creó la Misión para el Empalme de las series de Empleo, Pobreza y Desigualdad MESEP, que acaba de entregar su primer informe.
Si bien los resultados obtenidos muestran una reducción en los índices de pobreza e indigencia en el periodo entre 2002 y 2008, es preocupante que la cifra absoluta, por efectos del crecimiento poblacional, continúa en ascenso con 20 millones de colombianos pobres y 7 millones indigentes, y que dentro del intervalo considerado se observe un claro deterioro entre los años 2005 y 2008. Como explicación, la Misión anota que dicho deterioro obedece a que la inflación en los alimentos fue superior a la inflación total.
Coincide este informe con la revelación de crecientes cifras de inseguridad en las principales ciudades, en donde se aprecia que va en aumento la actividad de las bandas de atraco callejero, el sicariato, el comercio de drogas, los paseos millonarios, la violencia infantil en los colegios, los desmanes de las barras bravas, y que todas las modalidades del crimen asedian en los centros urbanos. El Comandante de la Policía aduce que el crecimiento de la inseguridad se debe a la presencia del narcotráfico.
Aunque una y otra explicación pueden ser razonables, es imperativo que se de un viraje a la política gubernamental, claramente enfocada a acoger la práctica económica según la cual, la fuerza del mercado define las posibilidades de desarrollo de la sociedad, pues si bien es aceptable que el mercado defina a qué automóvil puede acceder una persona, no es aceptable que esa misma consideración se haga cuando se trate de la posibilidad de contar con salud, educación o una vivienda digna, ó de su real y efectivo ejercicio ciudadano, pues la democracia exige unas condiciones mínimas para la solución pacífica de conflictos y para albergar una paz duradera. Esta acción reguladora debe recaer en el Estado, con lo que el filósofo Norberto Bobbio llamaba el “mínimo civilizatorio” que tiene que existir en toda sociedad.
Si bien los resultados obtenidos muestran una reducción en los índices de pobreza e indigencia en el periodo entre 2002 y 2008, es preocupante que la cifra absoluta, por efectos del crecimiento poblacional, continúa en ascenso con 20 millones de colombianos pobres y 7 millones indigentes, y que dentro del intervalo considerado se observe un claro deterioro entre los años 2005 y 2008. Como explicación, la Misión anota que dicho deterioro obedece a que la inflación en los alimentos fue superior a la inflación total.
Coincide este informe con la revelación de crecientes cifras de inseguridad en las principales ciudades, en donde se aprecia que va en aumento la actividad de las bandas de atraco callejero, el sicariato, el comercio de drogas, los paseos millonarios, la violencia infantil en los colegios, los desmanes de las barras bravas, y que todas las modalidades del crimen asedian en los centros urbanos. El Comandante de la Policía aduce que el crecimiento de la inseguridad se debe a la presencia del narcotráfico.
Aunque una y otra explicación pueden ser razonables, es imperativo que se de un viraje a la política gubernamental, claramente enfocada a acoger la práctica económica según la cual, la fuerza del mercado define las posibilidades de desarrollo de la sociedad, pues si bien es aceptable que el mercado defina a qué automóvil puede acceder una persona, no es aceptable que esa misma consideración se haga cuando se trate de la posibilidad de contar con salud, educación o una vivienda digna, ó de su real y efectivo ejercicio ciudadano, pues la democracia exige unas condiciones mínimas para la solución pacífica de conflictos y para albergar una paz duradera. Esta acción reguladora debe recaer en el Estado, con lo que el filósofo Norberto Bobbio llamaba el “mínimo civilizatorio” que tiene que existir en toda sociedad.
Como era de esperarse, este encuentro de Presidentes de la Unión de naciones suramericanas UNASUR, sirvió para evidenciar las diferencias que animan la vida política de sus países y la palpable marginalidad de la OEA, como escenario natural para dirimir los problemas de América. UNASUR se inscribe como una alternativa apenas incipiente en el propósito de la conformación de un deseable bloque regional, capaz de competir en este mundo globalizado.
La transmisión en directo del evento distrajo la atención de los oradores, quienes hablaban para sus públicos y no con el objetivo cierto de enfrentar los problemas en su verdadera dimensión. La reunión dejó escapar una oportunidad para plantear soluciones alternativas, unificar criterios y liderar una salida proactiva frente al problema del narcotráfico, y sobre el cual han fracasado una y otra vez los convencionales métodos de control represivo, tanto en el campo de la producción como en el comercio y consumo, con registros cada vez más crecientes. Ojalá el anunciado Consejo Suramericano de Lucha contra el narcotráfico, trabaje en esa dirección para presentar una sólida posición de Suramérica frente a los mayores países consumidores.
Tal vez por la carencia de instrumentos efectivos para actuar en UNASUR, las cosas no pasaron más allá de una declaración de buena voluntad, y de la retórica de trabajar en escenarios complementarios como la reunión de Cancilleres y Ministros de Defensa, pero nada indica que este grupo esté en condiciones para asumir con propiedad un liderazgo efectivo en torno al delicado tema de la seguridad regional que ahora se inquieta con la mayor presencia en Colombia de la primera potencia militar, sustentada en su evolucionada tecnología y cuyos intereses geopolíticos no se van a detener en la pequeña tarea de mirar hacia la solución de unos conflictos internos, y con las escaramuzas armamentistas de algunos vecinos.
Por lo menos esta cumbre sirvió para que los países de UNASUR se miren hacia adentro, hacia la precariedad de los mecanismos de la unión con que sueñan desde los discursos mismos de sus fundadores, pero donde sigue primando el espíritu de las disensiones y la incapacidad para vislumbrar, más allá de intereses particularistas, la importancia de la unidad de América.
La transmisión en directo del evento distrajo la atención de los oradores, quienes hablaban para sus públicos y no con el objetivo cierto de enfrentar los problemas en su verdadera dimensión. La reunión dejó escapar una oportunidad para plantear soluciones alternativas, unificar criterios y liderar una salida proactiva frente al problema del narcotráfico, y sobre el cual han fracasado una y otra vez los convencionales métodos de control represivo, tanto en el campo de la producción como en el comercio y consumo, con registros cada vez más crecientes. Ojalá el anunciado Consejo Suramericano de Lucha contra el narcotráfico, trabaje en esa dirección para presentar una sólida posición de Suramérica frente a los mayores países consumidores.
Tal vez por la carencia de instrumentos efectivos para actuar en UNASUR, las cosas no pasaron más allá de una declaración de buena voluntad, y de la retórica de trabajar en escenarios complementarios como la reunión de Cancilleres y Ministros de Defensa, pero nada indica que este grupo esté en condiciones para asumir con propiedad un liderazgo efectivo en torno al delicado tema de la seguridad regional que ahora se inquieta con la mayor presencia en Colombia de la primera potencia militar, sustentada en su evolucionada tecnología y cuyos intereses geopolíticos no se van a detener en la pequeña tarea de mirar hacia la solución de unos conflictos internos, y con las escaramuzas armamentistas de algunos vecinos.
Por lo menos esta cumbre sirvió para que los países de UNASUR se miren hacia adentro, hacia la precariedad de los mecanismos de la unión con que sueñan desde los discursos mismos de sus fundadores, pero donde sigue primando el espíritu de las disensiones y la incapacidad para vislumbrar, más allá de intereses particularistas, la importancia de la unidad de América.
Así califica el científico polaco Ignacy Sachs, de la Escuela de Estudios Sociales de París, al siglo XX, por haberse sucedido en ese periodo intensos procesos migratorios de la humanidad, y registrar a su terminación la presencia de casi un 80% de la población mundial en conglomerados citadinos, aunque, como bien lo anota, no es dable aceptar por esa sola condición que dichas personas se hayan convertido en ciudadanos urbanos.
El concepto de urbanización ha de redefinirse, pues debe significar ofrecer a los que ocupan el espacio urbano no sólo condiciones de vivienda decente, empleo e igualdad de oportunidades para sus hijos, sino, sobre todo, el ejercicio pleno de su ciudadanía.
Este fenómeno adquiere especial penalidad en nuestro país, donde, además de ser fiel reflejo de este comportamiento migratorio, se encuentra potenciado por las especiales características de marginalidad que presentan los nuevos habitantes de las ciudades, dentro de los cuales se contabilizan 4 millones de desplazados por la violencia que hoy se debaten en la miseria absoluta, y cuya condición mereció recientemente especial registro informativo con motivo del desalojo del parque Tercer Milenio en Bogotá.
El más importante problema que caracteriza la crisis urbana actual, es el desempleo. Según la Organización Internacional del Trabajo, hay 700 millones de subempleados y 120 millones de desempleados a nivel mundial. En términos generales, un 30% de la fuerza de trabajo del mundo sufre esta crisis y para superarla se deberían generar 1000 millones de nuevos puestos de trabajo en los próximos 10 años, de acuerdo con estimativos de la ONU.
Estremecedores datos que llevan a Sachs a advertir que el desempleo no se solucionará expandiendo la economía informal; esa actividad no resuelve un problema de esa magnitud, y es más bien una perversa y cómoda abstracción. En los países en vías de desarrollo, el sector informal funciona como un biombo para ocultar lo que en otras latitudes sería un desempleo masivo.
La creciente marginalidad de la pobreza reta al mundo a actuar con prontitud en la imaginación, diseño y constitución de una nueva actitud frente a problemas que de no enfrentarlos con decisiones de profundo calado, no habrá espacio para la esperanza de esta sociedad.
El concepto de urbanización ha de redefinirse, pues debe significar ofrecer a los que ocupan el espacio urbano no sólo condiciones de vivienda decente, empleo e igualdad de oportunidades para sus hijos, sino, sobre todo, el ejercicio pleno de su ciudadanía.
Este fenómeno adquiere especial penalidad en nuestro país, donde, además de ser fiel reflejo de este comportamiento migratorio, se encuentra potenciado por las especiales características de marginalidad que presentan los nuevos habitantes de las ciudades, dentro de los cuales se contabilizan 4 millones de desplazados por la violencia que hoy se debaten en la miseria absoluta, y cuya condición mereció recientemente especial registro informativo con motivo del desalojo del parque Tercer Milenio en Bogotá.
El más importante problema que caracteriza la crisis urbana actual, es el desempleo. Según la Organización Internacional del Trabajo, hay 700 millones de subempleados y 120 millones de desempleados a nivel mundial. En términos generales, un 30% de la fuerza de trabajo del mundo sufre esta crisis y para superarla se deberían generar 1000 millones de nuevos puestos de trabajo en los próximos 10 años, de acuerdo con estimativos de la ONU.
Estremecedores datos que llevan a Sachs a advertir que el desempleo no se solucionará expandiendo la economía informal; esa actividad no resuelve un problema de esa magnitud, y es más bien una perversa y cómoda abstracción. En los países en vías de desarrollo, el sector informal funciona como un biombo para ocultar lo que en otras latitudes sería un desempleo masivo.
La creciente marginalidad de la pobreza reta al mundo a actuar con prontitud en la imaginación, diseño y constitución de una nueva actitud frente a problemas que de no enfrentarlos con decisiones de profundo calado, no habrá espacio para la esperanza de esta sociedad.
En el acto de recepción del premio Rómulo Gallegos de Literatura, por su novela El país de la canela, el escritor William Ospina pronunció su discurso titulado El elogio de las causas, en el que da cuenta de su ya largo trabajo de indagación sobre la condición de América y su proyección continental.
Muchos años de estudios anteceden este reconocimiento, desde cuando se formuló la pregunta “quién soy como colombiano” en su primer libro de poemas El país del Viento, escrito con el propósito de despertar conciencia de un pasado más hondo y complejo; inquietud que enriqueció con la lectura de las “Elegías de varones ilustres de Indias” de Don Juan de Castellanos, referencia capital para su trabajo ensayístico Auroras de Sangre y de la trilogía de novelas Ursúa, El país de la canela y La serpiente sin ojos, de próxima aparición.
Los hechos de la conquista española han sido su soporte para descifrar lo que significó la intromisión de la cultura europea en el nuevo mundo, a partir del idioma que en su desarrollo se transformó en el Español de América; lengua mestiza como sus habitantes, de cuya condición se precia al decir “basta visitar una comunidad nativa para entender que no soy indígena pero me basta visitar a Europa para saber que no soy europeo”.
Vienen bien sus juiciosas reflexiones, a propósito de la celebración del Bicentenario, cuando anota que sería triste que a estas alturas le siguiéramos pasando cuentas de cobro a España y a Europa por los hechos de la Conquista, pues supondría un desconocimiento imperdonable de la grandeza y las hazañas de los constructores de nuestras patrias. “Lo que ahora tenemos que responder es qué hemos hecho y qué hemos dejado de hacer con nuestra América, en estos dos siglos de vida independiente. Ya podemos mirar la historia universal y la historia de España, y la historia de América y decirnos, con amor, como el poeta: Se precisaron todas esas cosas para que nuestras manos se encontraran”.
Gran anhelo éste de unidad continental, que le propone Ospina a América, y que se ha dilapidado tantas veces por ambiciones e intransigencias políticas que no lo han dejado prosperar.
Muchos años de estudios anteceden este reconocimiento, desde cuando se formuló la pregunta “quién soy como colombiano” en su primer libro de poemas El país del Viento, escrito con el propósito de despertar conciencia de un pasado más hondo y complejo; inquietud que enriqueció con la lectura de las “Elegías de varones ilustres de Indias” de Don Juan de Castellanos, referencia capital para su trabajo ensayístico Auroras de Sangre y de la trilogía de novelas Ursúa, El país de la canela y La serpiente sin ojos, de próxima aparición.
Los hechos de la conquista española han sido su soporte para descifrar lo que significó la intromisión de la cultura europea en el nuevo mundo, a partir del idioma que en su desarrollo se transformó en el Español de América; lengua mestiza como sus habitantes, de cuya condición se precia al decir “basta visitar una comunidad nativa para entender que no soy indígena pero me basta visitar a Europa para saber que no soy europeo”.
Vienen bien sus juiciosas reflexiones, a propósito de la celebración del Bicentenario, cuando anota que sería triste que a estas alturas le siguiéramos pasando cuentas de cobro a España y a Europa por los hechos de la Conquista, pues supondría un desconocimiento imperdonable de la grandeza y las hazañas de los constructores de nuestras patrias. “Lo que ahora tenemos que responder es qué hemos hecho y qué hemos dejado de hacer con nuestra América, en estos dos siglos de vida independiente. Ya podemos mirar la historia universal y la historia de España, y la historia de América y decirnos, con amor, como el poeta: Se precisaron todas esas cosas para que nuestras manos se encontraran”.
Gran anhelo éste de unidad continental, que le propone Ospina a América, y que se ha dilapidado tantas veces por ambiciones e intransigencias políticas que no lo han dejado prosperar.
Se ha iniciado la conmemoración de los doscientos años de la independencia de la Nación, por lo menos en lo que se refiere al simbólico acto ocurrido el 20 de julio de 1810, aunque algunos preferirían que esta celebración se diera tomando como referencia el año 1819, cuando militarmente se puso fin a la presencia colonizadora española.
Al cabo de estos 200 años de historia, las naciones bolivarianas hemos sido sorprendidas atravesando procesos de desmembramientos, dispersión, egoísmos y enfrentamientos, los mismos por los cuales no fue posible la consolidación de una gran nación, como lo soñara El Libertador. No se ha podido encausar la democracia por las vías incluyentes y de equidad, ni resolver los problemas de una sociedad, siempre al borde de los umbrales de la pobreza, trasluciendo condiciones de inestabilidad, violencia y obstáculos para el desarrollo.
A un año de este acontecimiento, se ha dado como adelanto la rememoración de la Ruta Libertadora que puso en evidencia el aislamiento de esta región, cuyos habitantes, al parecer, aún transitan por las mismas trochas de entonces. Este festejo representa una posibilidad para que la Nación se mire en perspectiva, sin la conservadora tendencia de volver la mirada hacia el pasado para alimentar grandezas frustradas o sentimientos de nostalgias y lamentos sobre lo que pudo ser y no fue. Los registros de la historia son para que el presente social los revalide y se los apropie para construir su futuro.
Debemos aprovechar esta oportunidad para tomar mejor conciencia de nuestros destinos; para retornar a lo básico, a plantear una acción que nos sitúe en la ruta de una sociedad dispuesta a entender la importancia de la convivencia pacífica, capaz de superar las mezquindades que dividen, que atrofian las instituciones, y obstaculizan la realización de las ideas que animaron la fundación de nuestra nación. Sin olvidar que una de las más promisorias de entonces, fue la de soñar con una expresión continental de unidad para estos países, hoy distorsionada por retóricas populistas, salpicadas por intervenciones indebidas, oscuras relaciones, y quebrantada por ambiciones personalistas que enturbian el mapa de su integración, mientras otras regiones avanzan claramente en la consolidación de su intercambio comercial y el debido respeto político.
Al cabo de estos 200 años de historia, las naciones bolivarianas hemos sido sorprendidas atravesando procesos de desmembramientos, dispersión, egoísmos y enfrentamientos, los mismos por los cuales no fue posible la consolidación de una gran nación, como lo soñara El Libertador. No se ha podido encausar la democracia por las vías incluyentes y de equidad, ni resolver los problemas de una sociedad, siempre al borde de los umbrales de la pobreza, trasluciendo condiciones de inestabilidad, violencia y obstáculos para el desarrollo.
A un año de este acontecimiento, se ha dado como adelanto la rememoración de la Ruta Libertadora que puso en evidencia el aislamiento de esta región, cuyos habitantes, al parecer, aún transitan por las mismas trochas de entonces. Este festejo representa una posibilidad para que la Nación se mire en perspectiva, sin la conservadora tendencia de volver la mirada hacia el pasado para alimentar grandezas frustradas o sentimientos de nostalgias y lamentos sobre lo que pudo ser y no fue. Los registros de la historia son para que el presente social los revalide y se los apropie para construir su futuro.
Debemos aprovechar esta oportunidad para tomar mejor conciencia de nuestros destinos; para retornar a lo básico, a plantear una acción que nos sitúe en la ruta de una sociedad dispuesta a entender la importancia de la convivencia pacífica, capaz de superar las mezquindades que dividen, que atrofian las instituciones, y obstaculizan la realización de las ideas que animaron la fundación de nuestra nación. Sin olvidar que una de las más promisorias de entonces, fue la de soñar con una expresión continental de unidad para estos países, hoy distorsionada por retóricas populistas, salpicadas por intervenciones indebidas, oscuras relaciones, y quebrantada por ambiciones personalistas que enturbian el mapa de su integración, mientras otras regiones avanzan claramente en la consolidación de su intercambio comercial y el debido respeto político.
Para el próximo miércoles se ha convocado a reanudar clases en la UIS y el tema de la reelección del Rector sigue en la palestra pública, ocupando medios locales y nacionales, por la sencilla razón de que no se han resuelto las inquietudes que llevaron a cuestionar su proceder, con motivo de las conversaciones que sostuvo con un supuesto delincuente.
Ha faltado explicación cierta que dé tranquilidad a estudiantes, profesores y a la sociedad misma, dada esa extraña situación, por decir lo menos, en la que desafortunadamente se ha visto comprometida la figura del Rector y, con ella, la prestancia de la Universidad; precisamente, la Institución que por su misión educadora es la más llamada a salvaguardar claros principios y valores que orientan la vida ciudadana.
No se puede salir del paso con evasivas y desvíos de atención para crear falsos problemas, como ha ocurrido con las interpretaciones estrechas sobre el sentido profundo de la Autonomía Universitaria que hoy se intenta reducir a la defensa de una desacertada decisión del Consejo Superior; ó con las versiones de que los políticos regionales se quieren tomar las universidades públicas, pues en Santander este riesgo no ha sido evidente, y, por lo demás, la intervención del gobernador Serpa, es necesario decirlo, ha estado regida por un absoluto respeto a las estructuras de decisión de la Universidad; ó invocar la excelencia de una gestión, por cierto, controvertible.
Tampoco es atinado menospreciar la crítica y pretender acallar las voces que hoy tratan de expresar inconformidad ante esta coyuntura, cerrando las puertas de la Institución. Acaso, ¿es concebible una universidad sin estudiantes?
Y como no se puede garantizar buen suceso de la vida académica sin la base de una respetada gobernabilidad, es de esperar que el Rector asuma con entereza que la vida de la Universidad está por encima de intereses particulares, y se retire temporalmente del cargo para dar espacio a que la Fiscalía y organismos competentes aclaren la responsabilidad de sus actuaciones y la de quienes resulten implicados, poniendo a salvo el principio de autoridad, hoy viciado por todos estos infortunados sucesos, e impidiendo su capitalización por grupos anarquistas. Un fallo favorable permitirá su regreso con renovada credibilidad.
Ha faltado explicación cierta que dé tranquilidad a estudiantes, profesores y a la sociedad misma, dada esa extraña situación, por decir lo menos, en la que desafortunadamente se ha visto comprometida la figura del Rector y, con ella, la prestancia de la Universidad; precisamente, la Institución que por su misión educadora es la más llamada a salvaguardar claros principios y valores que orientan la vida ciudadana.
No se puede salir del paso con evasivas y desvíos de atención para crear falsos problemas, como ha ocurrido con las interpretaciones estrechas sobre el sentido profundo de la Autonomía Universitaria que hoy se intenta reducir a la defensa de una desacertada decisión del Consejo Superior; ó con las versiones de que los políticos regionales se quieren tomar las universidades públicas, pues en Santander este riesgo no ha sido evidente, y, por lo demás, la intervención del gobernador Serpa, es necesario decirlo, ha estado regida por un absoluto respeto a las estructuras de decisión de la Universidad; ó invocar la excelencia de una gestión, por cierto, controvertible.
Tampoco es atinado menospreciar la crítica y pretender acallar las voces que hoy tratan de expresar inconformidad ante esta coyuntura, cerrando las puertas de la Institución. Acaso, ¿es concebible una universidad sin estudiantes?
Y como no se puede garantizar buen suceso de la vida académica sin la base de una respetada gobernabilidad, es de esperar que el Rector asuma con entereza que la vida de la Universidad está por encima de intereses particulares, y se retire temporalmente del cargo para dar espacio a que la Fiscalía y organismos competentes aclaren la responsabilidad de sus actuaciones y la de quienes resulten implicados, poniendo a salvo el principio de autoridad, hoy viciado por todos estos infortunados sucesos, e impidiendo su capitalización por grupos anarquistas. Un fallo favorable permitirá su regreso con renovada credibilidad.
Constituye motivo de verdadero orgullo registrar el sitial de honor en el que se está colocando nuestro emblemático Cañón del Chicamocha, actualmente es 8 en su categoría, en el certamen internacional convocado por una fundación suiza para escoger las 7 nuevas maravillas del mundo. El cierre de la votación se producirá mañana, 7 de julio, y en él se acogerán 77 bellezas preseleccionadas; el 21 de julio, con la asesoría de la UNESCO, se llegará a 21 finalistas, para que en el 2011 se produzca la definición, luego de la visita que realizarán expertos a cada una de ellas. Quienes aún no han votado, lo pueden hacer en: www.colombia.travel www.santander.gov.co y www.new7wonders.com.
Esta ocasión, en la que ha sido relevante el entusiasmo de los santandereanos, debe constituirse en motivo de reflexión acerca del real sentido de nuestros bienes y valores, la importancia de preservar nuestras riquezas naturales y el desarrollo de su potencial turístico, pues además de los beneficios sociales que trae, es expresión cultural de apertura y medio privilegiado de comunicación que permite mostrar “nuestro mejor nosotros”. Los valores culturales se reafirman cuando los otros los reconocen e identifican.
Y a propósito de votaciones, resultó muy justa la escogencia que hicieran los santandereanos para que nuestra gloria musical, el maestro Alfonso Guerrero García, reciba homenaje nacional, el próximo 20 de julio, en la segunda versión del Gran Concierto que organiza el Ministerio de Cultura.
Su presencia artística ha marcado un hito en nuestra tradición musical desde los tiempos de la Rondalla Bumanguesa, y luego con la animación de sus diferentes agrupaciones y orquestas en todos los eventos y convocatorias regionales de importancia. Virtuoso en la ejecución de por los menos 7 instrumentos musicales, es pertinente resaltar su obra de difusión cultural desde la dirección de la lamentablemente desaparecida Banda del Departamento, durante 20 años. Recuerdo su profesionalismo y consagración cuando a raíz del concurso para escoger el Himno de Santander en el año 1988, y a pesar de no ser ganadora su composición, se dedicó con entusiasmo sin igual al montaje de su primera versión oficial, a partir de la cual el himno fue calando en el corazón de los santandereanos hasta representar hoy magnífica identificación.
Esta ocasión, en la que ha sido relevante el entusiasmo de los santandereanos, debe constituirse en motivo de reflexión acerca del real sentido de nuestros bienes y valores, la importancia de preservar nuestras riquezas naturales y el desarrollo de su potencial turístico, pues además de los beneficios sociales que trae, es expresión cultural de apertura y medio privilegiado de comunicación que permite mostrar “nuestro mejor nosotros”. Los valores culturales se reafirman cuando los otros los reconocen e identifican.
Y a propósito de votaciones, resultó muy justa la escogencia que hicieran los santandereanos para que nuestra gloria musical, el maestro Alfonso Guerrero García, reciba homenaje nacional, el próximo 20 de julio, en la segunda versión del Gran Concierto que organiza el Ministerio de Cultura.
Su presencia artística ha marcado un hito en nuestra tradición musical desde los tiempos de la Rondalla Bumanguesa, y luego con la animación de sus diferentes agrupaciones y orquestas en todos los eventos y convocatorias regionales de importancia. Virtuoso en la ejecución de por los menos 7 instrumentos musicales, es pertinente resaltar su obra de difusión cultural desde la dirección de la lamentablemente desaparecida Banda del Departamento, durante 20 años. Recuerdo su profesionalismo y consagración cuando a raíz del concurso para escoger el Himno de Santander en el año 1988, y a pesar de no ser ganadora su composición, se dedicó con entusiasmo sin igual al montaje de su primera versión oficial, a partir de la cual el himno fue calando en el corazón de los santandereanos hasta representar hoy magnífica identificación.
Presentó la Revista Semana los resultados de una encuesta realizada en las principales ciudades del país, referente al nivel de la confianza de los colombianos sobre diversos aspectos e instituciones de la vida nacional, y su comparación con ejercicios similares a nivel mundial. Sólo el 40% de los encuestados confía en el Gobierno Nacional, que es la institución de mayor credibilidad, mientras que gobernaciones, alcaldías, entidades financieras y Justicia, merecen niveles inferiores hasta llegar a un 15% la confianza respecto a los propios funcionarios del Gobierno. A la pregunta de si se cree que la gente que conduce el país hace las cosas bien, un 70% de la opinión fue negativa, con un nivel de rechazo solamente superado por Panamá, Honduras y Perú en Latinoamérica. Con relación a cómo vemos el futuro social y económico, sólo el 11% tiene confianza en el país, presentando un resultado muy inferior respecto a otras latitudes como Asia con un 43%, Norteamérica 48% y Latinoamérica 23% en promedio.
Señala la encuesta que los colombianos sólo mantienen un fuerte anclaje de confianza en el orden familiar y muchas prevenciones para la creación de vínculos de asociación. Se refleja así el espíritu desconfiado que se cuida de los demás, tal vez como consecuencia de la infiltración en la sociedad colombiana de un perverso mundo solapado que actúa entre bambalinas y en componendas oscuras.
La confianza en las instituciones se da por la tranquila desprevención que se genera progresivamente, al comprobarse la transparencia de palabras y acciones de sus representantes, que nada encubren. Sólo así se construyen los vínculos sociales que permiten abrirse acogedoramente hacia los demás, para dar curso a un ambiente propicio al progreso y desarrollo nacional. El restablecimiento de la confianza social pasa por el propio de la Justicia, que hoy sólo merece un reconocimiento del 28%, y que debe dar señales claras de su administración pronta y cumplida, con eficiente castigo a los que se aparten del buen ejercicio ciudadano. Debe entenderse que la creación de confianza se fortalece en la sociedad, mediante adecuado trabajo educativo que restablezca los valores y, en este aspecto es saludable, en principio, que un 80% de los colombianos creen en sus profesores.
Señala la encuesta que los colombianos sólo mantienen un fuerte anclaje de confianza en el orden familiar y muchas prevenciones para la creación de vínculos de asociación. Se refleja así el espíritu desconfiado que se cuida de los demás, tal vez como consecuencia de la infiltración en la sociedad colombiana de un perverso mundo solapado que actúa entre bambalinas y en componendas oscuras.
La confianza en las instituciones se da por la tranquila desprevención que se genera progresivamente, al comprobarse la transparencia de palabras y acciones de sus representantes, que nada encubren. Sólo así se construyen los vínculos sociales que permiten abrirse acogedoramente hacia los demás, para dar curso a un ambiente propicio al progreso y desarrollo nacional. El restablecimiento de la confianza social pasa por el propio de la Justicia, que hoy sólo merece un reconocimiento del 28%, y que debe dar señales claras de su administración pronta y cumplida, con eficiente castigo a los que se aparten del buen ejercicio ciudadano. Debe entenderse que la creación de confianza se fortalece en la sociedad, mediante adecuado trabajo educativo que restablezca los valores y, en este aspecto es saludable, en principio, que un 80% de los colombianos creen en sus profesores.
Muy acorde con la actualidad nacional resultó el foro sobre este tema, organizado por la Universidad Nacional de Colombia, con la dirección del eminente profesor de la Universidad de New York Stephen Holmes, caracterizado defensor del llamado “liberalismo constitucional” que se fundamenta en la idea de que un gobierno que se ajuste a normas preestablecidas puede ser más poderoso que uno que no respete límites, y durante el cual fue calificado como altamente riesgoso para el país el clima de creciente polarización que lo invade, de cara a la definición del próximo periodo presidencial.
Los expertos en comportamiento masivo coinciden en señalar que no hay nada más aglutinador de una sociedad que un sentimiento colectivo, trabajado mediante una profusa acción de medios, hasta lograr la adhesión pasional a una causa. Convocatorias a definiciones trascendentales hechas bajo este estímulo, representan alta posibilidad de que la gente exprese el efecto de la motivación, antes que una decisión razonada. A estas manifestaciones ha sido históricamente permeable nuestra sociedad, y el comportamiento emocional que nos caracteriza ha sido alimento de muchas jornadas democráticas pero también de guerras civiles y de las violencias que han entorpecido el progreso y el bienestar de los colombianos.
La estimulación pasional conduce al afloramiento de sectarismos, a la pérdida de la capacidad crítica de una sociedad, y, sobre todo, a condescender con los postulados de que el fin justifica cualquier medio para conseguirlo. Se desatiende así uno de los principios de la democracia cual es el de la autorregulación, es decir, la capacidad de establecer límites estables y respetados que permitan el entendimiento y la coherencia en la vida social y política. A este principio apunta Holmes, cuando hace referencia a que la Constitución de una nación no debe ser entendida como una frontera corrediza y quebrantable, según particulares conveniencias, ni tampoco como un rígido sistema normativo diseñado para limitar la expresión popular, sino que precisamente debe asumirse como el medio eficaz para asegurar que la democracia perdure, pues es su condición de salvaguarda, estabilidad y optimización.
Sembrar pasiones no le conviene a la vida política de una sociedad que quiera perseverar en la construcción de una democracia viva e incluyente.
Los expertos en comportamiento masivo coinciden en señalar que no hay nada más aglutinador de una sociedad que un sentimiento colectivo, trabajado mediante una profusa acción de medios, hasta lograr la adhesión pasional a una causa. Convocatorias a definiciones trascendentales hechas bajo este estímulo, representan alta posibilidad de que la gente exprese el efecto de la motivación, antes que una decisión razonada. A estas manifestaciones ha sido históricamente permeable nuestra sociedad, y el comportamiento emocional que nos caracteriza ha sido alimento de muchas jornadas democráticas pero también de guerras civiles y de las violencias que han entorpecido el progreso y el bienestar de los colombianos.
La estimulación pasional conduce al afloramiento de sectarismos, a la pérdida de la capacidad crítica de una sociedad, y, sobre todo, a condescender con los postulados de que el fin justifica cualquier medio para conseguirlo. Se desatiende así uno de los principios de la democracia cual es el de la autorregulación, es decir, la capacidad de establecer límites estables y respetados que permitan el entendimiento y la coherencia en la vida social y política. A este principio apunta Holmes, cuando hace referencia a que la Constitución de una nación no debe ser entendida como una frontera corrediza y quebrantable, según particulares conveniencias, ni tampoco como un rígido sistema normativo diseñado para limitar la expresión popular, sino que precisamente debe asumirse como el medio eficaz para asegurar que la democracia perdure, pues es su condición de salvaguarda, estabilidad y optimización.
Sembrar pasiones no le conviene a la vida política de una sociedad que quiera perseverar en la construcción de una democracia viva e incluyente.